La idea de que manipulando los pies con las manos y las yemas de los dedos se pueden estimular las diferentes zonas del organismo, facilitando la curación y previniendo la enfermedad, ya formaba parte de muchas terapias médicas de la antigüedad, desde el Egipto clásico a la Antigua India.
Sin embargo no fue hasta 1913 y de la mano de un médico norteamericano especialista en otorrinolaringología, William Fitzgerald, que había indagado en diferentes medicinas orientales para buscar una alternativa a los anestésicos, que la reflejoterapia se redescubriría para Occidente.
La fisioterapeuta Eunice Ingham en los años 30 sería la encargada de profundizar en la Teoría de la Zona de Fitzgerald y de dar a conocer esta técnica manual que en la actualidad se imparte en todo el mundo y cuyas principales escuelas son la alemana, de Anne Marquart, y la inglesa, de Ann Gillanders.