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NUTRICIÓN ORTOMOLECULAR: LA MEDICINA DEL SIGLO XXI

Publicada el 14-12-06 18:47:05 por Del libro

Con el nuevo milenio se abre una nueva era respecto a la medicina. Cada día más personas optan por tratarse con nutrición ortomolecular, y una y otra vez, los resultados demuestran la eficacia de sus tratamientos. Esta terapia ha adquirido un privilegiado papel preventivo y terapéutico en países como EE.UU. e Inglaterra, y poco a poco, en nuestro país ya se está empezando a conocer.

Aunque la nutrición ortomolecular, todavía, es considerada por muchos como una terapia para perder peso y eliminar celulitis, su poder terapéutico va más allá. Las investigaciones de la nutrición ortomolecular se dedican al estudio de la salud óptima, su objetivo principal, en contraposición con la medicina alopática que se dedica a la investigación de las enfermedades. Ambos polos son igualmente importantes y necesarios para la evolución y bienestar del Ser Humano. La definición de salud óptima no es simplemente la ausencia de enfermedad, sino un estado natural de energía, vitalidad, y sobre todo armonía con nosotros mismos y con la vida.

Cuando una persona alcanza su estado óptimo de salud, instintivamente sabe cómo comportarse para preservarlo. Esto hace que la persona opte voluntariamente por una alimentación y unos hábitos de vida sanos.

Nutrición ortomolecular significa proporcionarle a las células los nutrientes adecuados para que éstas funcionen lo mejor posible. Para entender mejor su importancia es necesario hacer un breve y sencillo repaso de bioquímica.

BIOQUíMICA DEL ORGANISMO

El Ser Humano está compuesto de unos elementos básicos: oxígeno, carbono, hidrógeno, nitrógeno y minerales. Es la determinada combinación de éstos, lo que forma los materiales "base" de cada una de las células del organismo y lo que le proporciona su característica de Ser Humano.

Por ejemplo, la combinación de:

Oxígeno + hidrógeno = Agua

Hidrógeno + carbono + oxígeno = Carbohidratos

Hidrógeno + carbono + oxígeno (en menor cantidad que los carbohidratos) = Grasa

Hidrógeno + carbono + oxígeno + nitrógeno = Proteínas

Ciertos minerales como el fósforo y el sulfuro también forman parte de algunas proteínas.

La frase "somos lo que comemos y lo que absorbemos" no podría ser más cierta. La membrana exterior de la célula está compuesta principalmente de grasas y proteínas; en el interior de la célula se encuentra un líquido (citosol o fluído intracelular) compuesto primordialmente de agua, pero también de proteínas, carbohidratos y grasas; el núcleo, que contiene los genes y controla la actividad celular, contiene principalmente proteínas... Sin embargo, el hecho de juntar todos estos compuestos no crea un Ser Humano. Para que esto ocurra hace falta energía y ésta se fabrica en el interior de las células (en la mitocondria) gracias a unas enzimas que para ser activadas dependen, a su vez, de vitaminas. Esta energía es la que pone en funcionamiento la célula. Para que el cuerpo disfrute de una salud óptima, las células que lo forman deben estar sanas. Así pues, éstas deben recibir agua, carbohidratos, grasas, proteínas, minerales y vitaminas, a través de una nutrición óptima.

 

NUTRICIÓN ÓPTIMA

Un aspecto muy importante de la nutrición ortomolecular es respetar la individual bioquímica. Cada persona nace con una bioquímica determinada, la cual puede predisponerle al desarrollo de ciertas enfermedades o síntomas. Es por esto que no todo el mundo se beneficia de la dieta típica recomendada basada en ensaladas, frutas y agua fresca; algunas personas, por el contrario, se sienten mejor comiendo comida cocinada y bebiendo líquidos calientes. Por ejemplo, una persona con candidiasis crónica se puede sentir peor al comer fruta; la que sufre de bajones de azúcar no suele tolerar bien la comida fría, como las ensaladas; un intestino irritable puede empeorar al consumir granos... Así pues, para conseguir una salud óptima es vital descubrir las necesidades individuales del organismo. Debido a esta individualidad bioquímica, es prácticamente imposible diseñar una dieta estándar saludable para todo el mundo, en general. Sin embargo, sí se puede hablar de unos alimentos base para ayudar a mantener sano el organismo, los cuáles sirven de "cimiento" para construir un programa de nutrición ortomolecular a medida.

ALIMENTOS ÓPTIMOS

AGUA

Un mínimo de 1 litro y medio de agua mineral embotellada al día (más en días de calor o si se practica algún deporte). Ver capítulo "Recupera tu salud gota a gota: Los misterios del agua".

CARBOHIDRATOS COMPLEJOS

Los carbohidratos complejos (no refinados) son los que nos proporcionan glucosa o, en otras palabras, la energía que nuestro organismo necesita. Estos incluyen frutas, vegetales y granos. Alimentos que nos proporcionan vitaminas, minerales, fibra y agua, principalmente.

Los carbohidratos complejos se metabolizan de forma lenta, alimentando poco a poco la sangre de glucosa. Esto hace que el nivel de energía sea constante y que el sistema hormonal y nervioso no sean estimulados innecesariamente. La glucosa obtenida de los carbohidratos es tremendamente importante para el buen funcionamiento del cerebro, el cual usa alrededor de un 25% de toda la glucosa del cuerpo. Cuando los carbohidratos se metabolizan, dejan muy poco residuo químico, al contrario que las proteínas y grasas. Una vez quemados sólamente producen agua, la cual se elimina a través de la orina, heces y sudor; y dióxido de carbono, el cual se expira en la respiración. Es por esta razón que los carbohidratos deben formar la mayor parte de nuestra dieta, alrededor de un 60% de ella. Los que recomiendo son:

Frutas

Come unas 3 piezas al día. La fruta nos aporta, principalmente, vitaminas y minerales antioxidantes, fibra, agua y enzimas. Su contenido en fibra atrapa las toxinas, y el agua las arrastra hacia fuera del organismo. Las enzimas, a parte de ayudar a digerir la propia fruta, deshacen toxinas intestinales y activan reacciones químicas en el organismo. Los nutrientes que nos aportan nos protegen de desequilibrios cardiovasculares, cáncer y otros problemas del sistema inmunitario, además de ayudarnos a producir energía durante el día y a prevenir el envejecimiento prematuro.

Otro de los grandes beneficios de la fruta es que alcaliniza el organismo, ayudando a eliminar y prevenir dolores y enfermedades relacionadas con un exceso de acidez (causado por una dieta alta en carne, azúcar y alcohol, principalmente). También es muy alta en potasio, el cual ayuda a eliminar el exceso de agua depositado en los tejidos (retención de líquido), y aumenta la oxigenación de las células. Es importante comerla cruda y escogerla de temporada. Evita la fruta demasiado madura o con parches de moho. Escoge piezas firmes al tacto y de aroma fresco. No desperdicies las semillas de la sandía, manzanas, peras, uvas, naranjas y otros cítricos, ya que son ricas en magnesio y altamente energéticas, y asegúrate de que las masticas bien.

Vegetales

Al igual que las frutas, los vegetales nos aportan la fibra, agua y nutrientes que nuestro organismo necesita para mantenerse sano. Los vegetales crudos estimulan el funcionamiento de las células, mejoran la comunicación entre el interior y exterior de éstas, favoreciendo su alimentación y limpieza, y aumentan el nivel energético del organismo, tanto a nivel mental como físico. Una gran ventaja para nuestra salud es su alto contenido en clorofila. Esta sustancia tiene, prácticamente, la misma composición molecular que la sangre humana, con la diferencia de que la clorofila se compone de moléculas de magnesio (las cuáles le dan su característico color verde), mientras que la sangre contiene moléculas de hierro (las cuáles le proporcionan su color rojo). Es por este motivo que los vegetales son tremendamente beneficiosos para regenerar la sangre y aportar vitalidad. La clorofila, además, elimina bacteria y depósitos de toxinas, reduce inflamaciones, activa enzimas y aumenta la flora intestinal "buena".

Es importante comer un mínimo de 5 vegetales al día. Escoge siempre los de temporada. A no ser que tengas problemas digestivos, como candidiasis crónica, parásitos o cualquier tipo de inflamación intestinal, es recomendable consumir los vegetales en estado crudo, ya que al cocinarlos se destruyen sus enzimas y parte de sus nutrientes. Si se opta por no consumirlos crudos, se pueden cocinar muy ligeramente para ablandar su fibra y hacerlos más digestibles.

Quinoa

Es una semilla que crece en los Andes a altas latitudes y en clima frío. Además de ser un carbohidrato, también tiene un alto contenido proteínico, además de fibra, vitaminas B y E, ácidos grasos esenciales y minerales hierro, fósforo, calcio, magnesio y silicona. Es beneficiosa para fortalecer el organismo, además de tonificar los riñones y las funciones del corazón. Mezcla muy bien con cualquier tipo de vegetales y granos, y se cocina igual que el arroz. Puede encontrarse como "grano", en forma de copos para el desayuno o mezclado con trigo en diferentes tipos de pasta.

Trigo sarraceno

Al igual que la quinoa, el trigo sarraceno es una semilla. Su origen proviene del Lejano Oriente. A pesar de su nombre, no tiene nada que ver con el trigo, y no contiene gluten. Es, también, rico en proteína, vitaminas B, minerales potasio, magnesio y hierro, y en el bioflavonoide rutina. Éste ayuda a fortalecer los capilares y vasos sanguíneos, previniendo problemas cardiovasculares, varices, hipertensión y celulitis, entre otros. Por otro lado, ayuda a alcalinizar el organismo, combatiendo los efectos negativos de nuestra dieta actual, alta en azúcares, grasas, refinados y carnes. Es muy útil para combatir los daños causados por los rayos-x y la radiación. Estimula el apetito en personas convalecientes, limpia y fortifica el intestino, y proporciona niveles óptimos de energía y vitalidad. Se hierve con agua durante unos 20 minutos y se puede encontrar en forma de "grano", harina, copos o como pasta.

Granos como el mijo, arroz y maíz

Estos granos no contienen gluten y es por esta razón que los recomiendo. El gluten es una proteína que puede interferir con la absorción intestinal y producir inflamación. Los granos con un alto porcentaje en gluten son el trigo (altamente irritante), cebada, centeno y avena. En mi opinión, estos cereales hay que usarlos en pocas cantidades, a excepción del trigo, que suelo aconsejar eliminarlo de la dieta por completo.

Por el contrario, el mijo, arroz y maíz se pueden usar más a menudo. El mijo es muy alto en proteína, es uno de los cereales más rico en los aminoácidos que el cuerpo necesita para cumplir sus funciones de reparación, producción de hormonas y activación de enzimas, entre otras. Es, además, muy alto en hierro, silicona y calcio. Al igual que el trigo sarraceno, el mijo tiene la propiedad de alcalinizar el organismo, ayudando a combatir los problemas de salud típicos de un exceso de acidez en la sangre (artritis, gota y dolores en general). Es, también un gran diurético y un reforzante de los riñones, además de ser un grano excelente para combatir la candidiasis, ya que tiene propiedades antifungales. El arroz es excelente para el sistema nervioso por su alto contenido en las vitaminas B. Es también diurético y beneficia los riñones y vejiga. El maíz ayuda a regular la digestión, tonifica los riñones y es diurético, aumenta el apetito y mantiene las encías y dientes sanos. Por otro lado, es un alimento muy bajo en vitamina B3 (niacina), por lo que es recomendable mezclarlo con alimentos ricos en esta vitamina. Por ejemplo, es aconsejable cocinarlo con lima para favorecer la absorción de la niacina en el organismo. Otros alimentos ricos en esta vitamina y con los que puede mezclarse, son el pollo, pescado, huevos, otros cereales, granos germinados, legumbres, aguacates y cacahuetes.

Los granos con gluten que recomiendo consumir de vez en cuando, son la avena y el centeno. La avena es rica en proteína, vitaminas B y E, calcio, potasio, fósforo, silicona y magnesio, además de aceites poliinsaturados. Es un excelente alimento para calmar el sistema nervioso, reestablecer el sistema reproductivo y eliminar el colesterol del aparato digestivo y arterias. Por su alto contenido en silicona, es beneficiosa para ayudar a renovar los huesos y los tejidos conectivos. El centeno tiene una composición similar al trigo pero es más bajo en gluten, y por lo tanto, menos irritante. Es, además, rico en las vitaminas B1, B2, B3, biotina, ácido fólico y colina, y en los minerales cromo, magnesio, zinc, selenio y hierro.

Es importante, siempre que sea posible, consumir granos biológicos, especialmente si no son refinados. Es, precisamente, en la cáscara donde se acumula la mayoría de pesticidas con los que estos alimentos son tratados.

PROTEÍNAS

Las proteínas son esenciales para nuestra salud. La mayoría de desequilibrios que observo día a día en mis pacientes, es debido a la falta de proteínas y/o al mal uso de ellas. Personalmente, les doy gran importancia (consumiéndolas con cuidado y moderación), porque de ellas depende la reparación de nuestro organismo, producción de hormonas y enzimas, calidad de nuestra piel, cabello, uñas, cartílago y huesos, principalmente. Las proteínas están hechas de 22 aminoácidos, de los cuáles 8 no pueden ser manufacturados por el organismo, de ahí que se llamen aminoácidos esenciales, y que deban conseguirse a través de la alimentación. Es importante reunir estos 8 aminoácidos en la misma comida. Las proteínas completas (aquéllas que reúnen estos 8 aminoácidos ácidos) son la carne, pescado, huevos, algas y productos lácteos; y las incompletas son los granos, legumbres, frutos secos y semillas.
 
 Es decir, estas últimas requieren ser mezcladas entre ellas para obtener los 8 aminoácidos esenciales. Ejemplos de buenas combinaciones son: granos con legumbres; granos o legumbres con algas; granos con frutos secos. Sin embargo, es importante no abusar de las proteínas, ya que una vez metabolizadas, dejan residuos como la urea, creatinina y amonia. Un exceso de estas sustancias, debido a un exceso de proteína en la dieta, puede producir problemas de salud como acidez metabólica y sus respectivos síntomas (dolores, artritis, gota etc). Por otro lado, cuando la sangre se acidifica, el organismo, a modo de compensación, utiliza los minerales de los huesos como son el magnesio y calcio, entre otros, para alcalinizar de nuevo el sistema. Esto puede causar serios desequilibrios en la salud como, por ejemplo, osteoporosis y otros problemas óseos. La proteína animal (carne, pescado, huevos) suele dejar más residuos que la vegetal (legumbres, frutos secos, semillas y algas). Yo suelo aconsejar a mis pacientes tomar algo (pequeñas dosis) de proteína en cada comida. Si la persona no es vegetariana, y desea consumir proteína animal, le aconsejo que la acompañe con una ensalada o un buen plato de vegetales para contrarrestar la acidez metabólica que se pueda crear debido al metabolismo de este tipo de proteína. Personalmente, opino que las proteínas deben formar alrededor de un 25% de nuestra dieta. Las mejores proteínas son:

 Algas

Son los vegetales más antiguos que se conocen. Existen más de 1700 variedades, aunque las más usadas son: agar-agar, arame, hijiki, kombu, nori, wakame y dulse. Las algas son ricas en aminoácidos, vitaminas y minerales, especialmente calcio, magnesio, hierro, potasio, selenio y yodo. Su alto contenido de este último mineral, las convierte en un alimento fabuloso para activar la tiroides y regular el metabolismo. Las algas cumplen muchas funciones importantes en el organismo, por ejemplo, son ideales para: desintoxicar el cuerpo de metales pesados y radiación, ya que contienen ácido algínico (un potente desintoxicante); tratar quistes y nódulos; reducir los niveles de colesterol y grasa de la sangre; y rejuvenecer los pulmones y el aparato digestivo. Se pueden usar en sopas, guisos, ensaladas, o pasadas por la sartén. Si se cocinan junto con las legumbres, ayudan a que éstas sean más fáciles de digerir.

Frutos secos, semillas de sésamo, lino, calabaza y girasol

Son una fuente excelente de proteína, ácidos grasos esenciales, lecitina, vitaminas B y E, minerales zinc, calcio, magnesio y hierro. Son altamente recomendados para tratar y prevenir problemas cardiovasculares, hipoglucemia reactiva, falta de energía, desequilibrios menstruales, inflamaciones, problemas de piel y huesos, entre otros. Es muy importante asegurarse de que, tanto las semillas como los frutos secos, estén frescos. La rancidez puede causar irritación de estómago e intestino, además de destruir las vitaminas A, E y los ácidos grasos del organismo. La mejor forma de consumir las semillas es moliéndolas ligeramente con un molinillo de café eléctrico. De esta forma se digieren mejor. Este tipo de alimento combina muy bien con frutas ácidas y vegetales verdes. Tanto las semillas como los frutos secos deben guardarse en un contenedor de vidrio en la nevera, y siempre ser consumidos en crudo. Evita las versiones tostadas y saladas.

Legumbres

Son ricas en proteínas y féculas, y parece ser que es por esta razón por la que son difíciles de digerir, a parte de que algunas contienen una sustancia que bloquea la acción de ciertas enzimas que digieren la proteína de los alimentos. Sin embargo, esta sustancia inhibidora queda destruída cuando las legumbres son cocinadas adecuadamente o al ser germinadas. Para favorecer su digestión, es conveniente cocinarlas con jengibre o algas, o una vez en el plato añadirles un chorrito de aceite de oliva crudo. Las legumbres mezclan muy bien con los cereales, por ejemplo, lentejas con arroz. De esta forma, se consiguen los ocho aminácidos esenciales tan necesarios para la salud. Dentro de la variada selección de las legumbres, se encuentra la soja y sus productos (leche, yoghures, miso, tempeh, tofu...). Éstos son una excelente fuente de proteína (entre las legumbres, la soja es la más proteica). Además de tener propiedades similares a cualquier otra legumbre, la soja tiene cualidades estrogénicas. Por esto se recomienda consumirla en desequilibrios relacionados con la mujer, como son el síndrome premenstrual, menopausia, osteoporosis, endometriosis y demás (ver capítulo "Equilibra tus hormonas y disfruta de ser mujer").

Huevos

Durante años se les ha considerado como un alimento nocivo para las personas con el colesterol alto. Sin embargo, además de proporcionarnos colesterol (sustancia que el cuerpo, de todas formas, produce por sí mismo), es también una excelente fuente de proteína, además de las vitaminas colina, biotina, A, B, D y E, del mineral sulfuro, hierro, fósforo y zinc, lecitina, ácidos grasos esenciales, y los aminoácidos cisteína y metionina. Estos nutrientes ayudan a que el colesterol sea convertido en útiles hormonas esteroides que nos ayudan a protegernos de enfermedades. Además, los huevos son un alimento excelente para desintoxicar el hígado de estrógenos, metales pesados y toxinas en general.

Pescado

 El pescado más recomendado en un programa de nutrición ortomolecular es el atún, caballa, arenque, anchoas, salmón y sardinas (aunque los demás no son descartados). Este tipo de pescado es rico en ácidos grasos esenciales, especialmente los de la familia Omega-3, además de ser una excelente fuente de proteína y minerales como el fósforo, hierro y yodo. El pescado es recomendado para tratar y prevenir todo tipo de problemas cardiovasculares, artritis e inflamaciones crónicas, migrañas, desequilibrios hormonales, trastornos de piel e infecciones frecuentes, por mencionar unos cuantos (ver capítulo "Fobia a las grasas").

Carne blanca (a ser posible biológica)

Es importante comer, siempre que sea posible, carne biológica, ya que los animales de consumo son tratados con una gran cantidad de hormonas (para que crezcan y engorden), pesticidas (en los piensos con los que se alimentan) y antibióticos(para combatir las infecciones que desarrollan debido a las condiciones en las que viven). Sin embargo, la realidad es que es difícil encontrar carne biológica en la mayoría de supermercados y carnicerías. Por otro lado, es posible encontrar personas en el campo que crían sus propios animales de forma biológica y los venden sin hacer uso de la publicidad. Es cuestión de salir de excursión y buscarlos, hablar con ellos y llegar a un acuerdo. Otra forma interesante de conocer el mercado de productos biológicos es ir a las ferias de alimentos artesanales y averiguar los distribuidores, tiendas y particulares que venden este tipo de alimentos en tu área.

El pollo y pavo son ricos en las vitaminas B1, B5, B6, B12, y minerales cromo, magnesio, manganeso, zinc, hierro y selenio, además de ser una fuente completa de aminoácidos esenciales. Este tipo de carne es bajo en grasa y muy beneficioso para casos de falta de apetito, retención de líquidos, diarrea, diabetes, y para estados débiles, después de un parto o en convalecencias. A pesar de que el pollo y pavo son las carnes más recomendadas para su consumo habitual, no veo ningún inconveniente en consumir carne roja esporádicamente.

GRASAS POLIINSATURADAS Y MONOSATURADAS

Las grasas son fundamentales para nuestra salud, y deberían formar un 15% de nuestra dieta. A pesar de tener mala reputación entre los partidarios de las dietas de adelgazamiento, las grasas poliinsaturadas, si se saben usar bien, nos pueden ayudar a regular el metabolismo y a perder peso, entre sus otras muchas funciones. Los aceites más indicados para conseguir una salud óptima son los de aceite de oliva (para cocinar y en crudo) y los de semillas (consumidos únicamente en crudo). El tema de los aceites es complejo y requiere que se le dedique todo un capítulo (ver capítulo "Fobia a las grasas").

En un programa de nutrición ortomolecular se crea el tipo de alimentación más indicado para cada individuo, siempre usando como base estos alimentos mencionados. Para unas personas es recomendable no mezclar las proteínas y los hidratos altos en fécula; para otras, es necesario evitar ciertos alimentos que, aunque estén en la categoría de alimentos sanos, pueden causar, intolerancias o alergias; por otro lado, hay personas que necesitan aumentar el consumo de los aceites poliinsaturados, huevos e incluso carne. A pesar de no poder hablar en términos generales de una dieta sana, por el contrario, sí se puede hablar de qué sustancias no forman parte de una nutrición óptima.

CUATRO SUSTANCIAS NOCIVAS PARA LA SALUD

Azúcares

Estos incluyen azúcar blanco y moreno, miel, siropes, sacarina, glucosa, maltosa y dextrosa. Éstos se encuentran en productos refinados e integrales de pastelería, galletas, algunos cereales y panes, refrescos, salsas y embutidos, entre otros. Para entender bien el efecto de estas sustancias en el organismo, es importante hacer un repaso de cómo funciona la regulación de la glucosa de la sangre: El organismo necesita glucosa (azúcar) para cumplir todas sus funciones. Ésta proviene de los carbohidratos complejos que consumimos durante el día.
 
 Por ejemplo, cuando nos despertamos por la mañana nuestro nivel de glucosa es bajo puesto que hemos estado sin comer, aproximadamente, 8 horas desde la cena. Al levantarnos y tomar un desayuno basado en carbohidratos completos, proteínas y grasas como, por ejemplo, leche o yoghurt de soja, copos de quinoa, semillas, frutos secos y una pieza de fruta...la fibra y combinación de nutrientes que se encuentran en estos alimentos, hacen que su digestión y metabolismo generen una producción constante de glucosa y, por lo tanto, de energía. Es normal que poco antes de la hora de comer sintamos sensación de hambre y un ligero "bajón" propio del desgaste de esta energía. Al ingerir una comida basada, por ejemplo, en una sopa de verduras, lentejas con arroz y una ensalada con semillas y frutos secos, volvemos a generar una producción de glucosa y energía constante y duradera que nos acompañará hasta la hora de la cena, donde este proceso se volverá a repetir. El resultado es una energía, mental y física, equilibrada durante el transcurso del día.

Si, por el contrario, para desayunar optamos por un café con azúcar, galletas y zumo de naranja, los niveles de glucosa de la sangre suben desproporcionadamente y de forma rápida. Esto es debido a que el azúcar presente en el desayuno pasa rápidamente a la sangre, aumentando exageradamente los niveles de esta sustancia en la sangre. Cuando esto ocurre, el páncreas produce insulina, la cual se encarga de bajar la glucosa. Sin embargo, la reacción es rápida causando un bajón y unos síntomas tan desagradables como agotamiento, irritabilidad, falta de concentración, somnolencia, malestar, mareo, y necesidad de comer algo dulce, tomar un café o fumar un cigarrillo. Si en ese momento volvemos a comer algo dulce, la glucosa volverá a subir desproporcionadamente produciendo otra descarga de insulina, y el ciclo volverá a producirse. Estos altibajos, a la larga, pueden causar un desequilibrio generalizado en todo el organismo.

Por si esto fuera poco, cuando los niveles de glucosa de la sangre están bajos, la producción de histamina aumenta. Ésta, en exceso, es una poderosa substancia producida por las células que puede causar inflamación crónica y síntomas tan variados como asma, artritis, migrañas, problemas intestinales, alergias, depresión y un largo etcétera. Por otro lado, el azúcar no nos aporta nutrientes, sino que, por el contrario, nos "desnutre" de sustancias tan importantes como la gama de las vitaminas B y de minerales como el calcio, magnesio y cromo, entre otros.
 
Grasas saturadas, hidrogenadas y aceites fritos de semillas

Éstas se encuentran en el queso, leche y carne roja, margarina, comida "prefabricada" y bollería, respectivamente. El cuerpo necesita un cierto tipo de grasas para sobrevivir y cumplir una serie de funciones vitales para el organismo. A estas grasas se les denomina "ácidos grasos esenciales". Se les llama "esenciales" porque el cuerpo no las puede fabricar, sino que las adquiere a través de la dieta. Este tipo de grasa reduce el peligro de cáncer, enfermedades cardiovasculares, artritis, problemas de piel y hormonales, depresión, y alergias, entre otros. Estos ácidos se dividen en dos familias: Omega 3 y Omega 6. Y se encuentran en las semillas, frutos secos y pescado. La persona que no come estos alimentos regularmente, corre el riesgo de sufrir sus deficiencias. Las grasas o aceites poliinsaturados que se encuentran, por ejemplo, en el aceite de girasol, sésamo o lino, se presentan líquidos a temperatura ambiental y son extremadamente frágiles a la luz y calor. Cuando se les somete a altas temperaturas, como, por ejemplo, al freirlos, su estructura molecular cambia y pasan a convertirse en radicales libres o toxinas. Igual ocurre cuando se les añade hidrógeno para hacerlos sólidos (grasas hidrogenadas), como la margarina. En este estado molecular, el cuerpo no los reconoce como nutrientes y, por consiguiente, no puede hacer uso de ellos. Por otro lado, estas grasas tóxicas bloquean la habilidad del organismo para usar los aceites poliinsaturados saludables produciendo inflamación, entre muchos otros síntomas.

Los productos lácteos y la carne, por otro lado, son altos en un tipo de grasa denominada "ácido araquidónico". Ésta favorece la inflamación y, al igual que acabamos de ver, bloquea la capacidad del cuerpo de metabolizar adecuadamente los aceites poliinsaturados.

Es recomendable usar aceite de oliva para cocinar y en crudo, y aceites de semillas prensados en frío, exclusivamente, para su consumo en crudo. Por otro lado, se pueden usar semillas como sustitución a los aceites vegetales. Es importante guardar este tipo de aceites y las semillas en la nevera para evitar su deterioro. (Para más información sobre las grasas, ver capítulo "Fobias a las grasas".)

Productos lácteos

Éstos, a parte de no ser recomendables por lo anteriormente mencionado sobre su alto contenido en grasas saturadas y proinflamatorias, suelen producir una gran variedad de problemas para la salud. El problema más destacado y poco reconocido es que son alimentos muy dados a producir intolerancias, que en muchas personas pasan desapercibidas.

Cuando nacemos nuestro aparato digestivo no está formado, y, por este motivo, es importante que nos alimenten con leche materna. A través de la porosidad intestinal propia del recién nacido se absorben los nutrientes de este alimento. Cuando nos empiezan a salir los dientes, perdemos la enzima que digiere la leche, puesto que ya estamos preparados para comer más sólido. Es en este momento cuando se empiezan a introducir otros alimentos con mucho cuidado, ya que nuestro aparato digestivo todavía está inmaduro y muy permeable. Entre estos alimentos uno de los favoritos es la leche de vaca, y con ésta comienzan muchos de los problemas de salud que arrastramos durante toda la vida.

La leche de vaca contiene una estructura molecular demasiado grande para el bebé. La leche tiene la capacidad de permeabilizar el aparato digestivo del ternero para que los nutrientes de ésta se absorban debidamente. El mismo efecto ocurre cuando se alimenta con leche de vaca a un bebé. A través de esta permeabilidad se absorben las moléculas de la leche que son demasiado grandes para el organismo de un bebé. Esto pone el sistema inmunitario en estado de alerta, lo cual puede causar inflamación crónica, alergias y, con el tiempo, debilitar dicho sistema. Estas repercusiones suelen acompañar al individuo durante toda la vida, aunque sus manifestaciones varían. Por ejemplo, en un principio el bebé puede presentar cólicos, problemas de oído y catarros continuos; de niño, los síntomas suelen manifestarse como terrores nocturnos, asma o hiperactividad; en la adolescencia puede aparecer acné, depresión y dolores de cabeza; en la juventud, problemas intestinales y menstruales; en la madurez y vejez, artritis y osteoporosis. Todos estos desequilibrios de salud pueden ser debidos a un mismo problema: intolerancia a los productos lácteos.

Por si esto fuera poco, los productos lácteos producen mucha mucosidad en el organismo taponando el sistema linfático (el que nos ayuda a desintoxicarnos), bloqueando la absorción intestinal y congestionando el sistema respiratorio.

Recordemos que sólo un escaso porcentaje de la población mundial tolera los productos lácteos. Por ejemplo, la raza china no la consume, al igual que tampoco lo hacen los indios de Sudamérica, ni muchas poblaciones africanas, por mencionar algunos pocos.

Como sustitución a los productos lácteos son recomendables los productos de soja y la leche de arroz y avena. No hay que tener miedo a una posible carencia de calcio cuando se eliminan los productos lácteos de la dieta. La leche es alta en este mineral pero baja en magnesio, el cual es indispensable para ayudar en la absorción del calcio en los huesos. Entre los mejores alimentos altos en estos dos minerales, se encuentran los vegetales verde oscuro, apio, col, brócoli, nabos,soja, higos y ciruelas secas, harina de algarroba, olivas, algas (especialmente la Hijiki), frutos secos y semillas.

Trigo

Éste se encuentra en el pan, bollería y pasta, principalmente. Este cereal es un gran irritante del sistema digestivo, ya que es muy alto en gliadina, una proteína que forma parte del gluten. Su consumo, de vez en cuando, no presenta problemas. Sin embargo, en grandes cantidades o continuamente puede erosionar la vellosidad intestinal produciendo malabsorción, dolor, inflamación, diarrea y/o estreñimiento y un sinfín de síntomas intestinales y sistémicos. El trigo además, le "roba" importantes minerales al organismo, como son el magnesio y zinc, entre otros. Desafortunadamente, nuestros hábitos alimenticios tienen el trigo como base. Por ejemplo: para desayunar tomamos cereales (que normalmente contienen trigo); a media mañana, bocadillo; para comer un plato de pasta o cualquier otro plato acompañado de pan; para merendar bollería; y para cenar, otra vez pan. Esto, sin mencionar las pizzas, sopa de fideos, galletas, pasteles, rebozados etc. Este cereal se puede sustituir por pan de centeno (sin abusar de él, tampoco); harina de maíz, arroz o soja; copos de arroz, mijo o quinoa; pasta de trigo sarraceno o quinoa.

Ya sabemos ahora los alimentos base de una nutrición óptima, y los alimentos que debemos evitar. Las personas que coman en restaurantes o que no dispongan de alimentos como la quinoa, algas, tofu, etc, pueden alimentarse perfectamente bien esogiendo los alimentos que nuestra cocina mediterránea nos ofrece como son las legumbres, verduras, ensaladas, huevos, carne y pescado. Lo importante es evitar los alimentos no recomendados como los azúcares, lácteos, grasas saturadas o procesadas, y trigo.
 
 

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